La Organización Mundial de la Salud, hasta hace unos meses desconocida por el gran público, se ha convertido en el organismo de referencia mundial en la lucha contra el COVID-19. Nadie en su sano juicio se atreve a cuestionar sus informes y recomendaciones (a pesar de que los acontecimientos de los últimos meses han demostrado que no es del todo infalible).

Sin embargo, el personaje que nos ocupa hoy, no tuvo precisamente una relación cordial con esta organización; ¿te gustaría conocer el por qué?

El nacimiento del Beatocello

Comencemos dibujando la figura de este increíble y controvertido pediatra-chelista-comediante, al que Camboya debe gran parte de su presente y de su futuro en los millones de niños y niñas que han sido atendidos en su red de hospitales pediátricos.

Desde muy joven Beat Ritchner soñaba con convertirse en un famoso intérprete y concertista. A edad temprana cursó los estudios en el conservatorio de música clásica, y cuando solo era un adolescente ya tocaba el chelo en orquestas sinfónicas. Sin embargo, años más tarde, comenzó interesarse por la vida y la obra de personajes tales como Tolstoi, Gandhi y Che Guevara, llegando a la conclusión de que la música no era más que un lujo. Ese fue el detonante que le orientó profesionalmente hacia la medicina.

Después de graduarse en 1973, el Dr. Richner se especializó en pediatría en el Hospital de Niños de Zúrich. Allí encontró la forma de conciliar sus talentos, ejerciendo la medicina y alegrando la convalecencia de los niños enfermos. Para ello se caracterizaba en un personaje inventado que bautizó como «Beatocello» (Beat-Chelo), una especie de payaso artista que contaba historias mientras tocaba el violonchelo. Basándose en este curioso personaje Richner también publicó muchos libros infantiles donde narraba e ilustraba sus aventuras y desventuras.

Un Suizo en Camboya

En 1974, siendo voluntario de la Cruz Roja Suiza, fue enviado a Camboya para trabajar en el Hospital de Niños Kantha Bopha en Phnom Penh. El hospital lleva el nombre de la hija pequeña del aquel entonces rey Norodom Sihanouk, la cual murió de leucemia cuando solo tenía 3 años.

Al año siguiente, su labor llegó a un abrupto final cuando los Jemeres Rojos tomaron la capital y se hicieron con el control del país. El Dr. Richner se vio obligado a regresar a Suiza, donde ocupó su antiguo puesto en el Hospital de Niños de Zúrich.

En diciembre de 1991, Richner regresó a Camboya por invitación expresa del rey de Camboya, el cual le pidió que reconstruyera y gestionara el hospital Kantha Bopha. Cuando llegó quedó sobrecogido y abrumado por el grado de devastación que había tenido lugar después de los conflictos subsiguientes con los jemeres rojos y Vietnam.

“Cuando llegué a Phnom Penh y vi la dimensión de la catástrofe y el grado de necesidad, no paraba de darle vueltas y más vueltas al asunto. Sólo oía razones para el desaliento y sobre lo complicado que iba a ser la reconstrucción… Fue entonces cuando dejé de pensar y comencé a soñar, y ahora el sueño se ha hecho realidad” (discurso inaugural del nuevo hospital Kantha Bopha I en noviembre de 1992)

Red de hospitales Kantha Bopha

la Fundación Kantha Bopha se creó en Zúrich en marzo de 1992. Desde esa fecha hasta el 2007, financió la creación y expansión de 5 hospitales infantiles, los cuales se encuentran ubicados en las principales ciudades de Camboya. Todos los hospitales brindan tratamiento gratuito a menores de 15 años, cumpliendo con los mismos estándares de equipamiento y calidad asistencial que cualquier otro hospital infantil en Europa y/o EEUU. Los Kantha Bopha I, II, IV y V se encuentran en la capital Phnom Penh y el Jayavarman VII (Kantha Bopha III) en Siem Reap, cerca del Parque Arqueológico de Los Templos de Angkor. Éste último, construido en el 1998, cuenta además con instalaciones de educación sanitaria, así como un centro de atención ambulatoria. El 9 de octubre de 2001, se le agregó una sala de maternidad de 350 camas para madres infectadas con VIH.

Los hospitales de Kantha Bopha ofrecen atención médica gratuita a unos 3.000 niños diariamente, lo que representa alrededor del 85% de toda la atención pediátrica en Camboya. Con una tasa de mortalidad asombrosamente baja (entre el 2 y el 0,5%), se hospitalizan una media de 100,000 niños con enfermedades graves, los cuales no hubieran tenido ninguna posibilidad de sobrevivir en circunstancias normales.

El sistema de admisiones es famoso por su eficacia y eficiencia (el input que se espera de un suizo), ya que, con independencia del número de personas que necesite consulta y/o hospitalización, nunca se deja a nadie fuera. Eso significar que en picos de contagio las colas en los hospitales pueden llegar a 600, 700 o incluso superar el millar de personas.

“Solo el 5% de los fondos de los hospitales se gasta en tareas administrativas. Para evitar la gestión tradicional y costosa de los hospitales y la burocracia que conlleva, hemos entrenado y asignado esas tareas a personal local. Sólo dos médicos de las 2500 personas que componen la plantilla de los 5 hospitales son extranjeros. En el modelo de  intervención promovido por la OMS y otras agencias como UNICEF, el 85% del presupuesto está dirigido a pagar los sueldos del personal expatriado”.

Además de la atención médica, los hospitales también ofrecen un curso internacional de posgrado. La Academia de Pediatría Kantha Bopha se inició en 2009. El programa incluye conferencias y cursos sobre pediatría general, enfermedades tropicales, inmunología y diagnóstico por imagen. El programa del curso también incluye una introducción a la organización y gestión de un hospital infantil y centros de maternidad en un país tropical pobre.

El presupuesto de los 5 hospitales es de 43.5 millones de dólares anuales, con la mejor relación costo-curación a nivel mundial según evaluaciones internacionales (170 dólares de media por hospitalización).

Las contribuciones se distribuyen de la siguiente manera:

  • El gobierno camboyano aporta 6 millones de dólares. Desde febrero de 2017, la fundación ha recibido una contribución de 2 dólares por cada turista que adquiere el pase de entrada a los mundialmente famosos Templos de Angkor.
  • La Confederación Suiza dona aproximadamente 4 millones de dólares.
  • El resto proviene de donaciones privadas.

Sangre o dinero, he ahí la cuestión.

“Querido público, después de lo expuesto, es por eso que siempre pido a los más jóvenes de esta sala que donen sangre, a los mayores dinero, y a los que se encuentran en medio, ambas cosas. Así que, sangre o dinero, esa es la cuestión” (Una de sus célebres frases durante sus actuaciones semanales como Beatocello)

Con el fin de conseguir fondos e informar sobre la situación de Camboya y de sus hospitales, el Dr. Beat Richner da un concierto cada sábado en el hospital Jayavarman VII en Siem Reap. 5 millones de dólares se recaudan cada año por esta vía. También viaja a Suiza tres veces al año con el mismo fin. Uno de sus eventos más famosos es la tradicional Gala Knie, la cual ha tenido lugar más de 26 veces. En 2012, el rey camboyano Sihamoni honró el evento con su presencia.

Una Salud pobre para gente pobre en países pobres

“Hay 3 razones por las que la situación en Camboya es tan mala, especialmente para la infancia:

La primera es el resultado de la guerra civil y el genocidio que aún continúa lastrando el desarrollo del país.

La segunda es la corrupción a todos los niveles y estratos sociales. Es muy complicado imaginar el impacto que tiene la corrupción generalizada si se vive en un país desarrollado, pero la realidad es que dentro de los sistemas de salud, la corrupción se convierte en una asesina en serie. De los 52 millones de dólares que ingresa Camboya anualmente para hacer funcionar su Sistema Nacional de Salud, solo 2 millones llegan a su destino. Se calcula que el 80% de las medicinas que se comercializan en el país son falsas.

La tercera es la negligencia de los países desarrollados a través de las políticas de la OMS, la cual condena a los países empobrecidos a no poder disponer de una medicina moderna y adecuada.»

Cuando el Dr. Beat Ritchner comenzó a crear y modernizar los hospitales infantiles en Camboya, y abrirlos al público de forma gratuita, la OMS comenzó a cuestionar su labor argumentando que en países pobres las prioridades en salud deberían ser otras, y no la compra y adquisición de costosos equipos de diagnóstico y tratamiento.

La Organización Mundial de la Salud, es una agencia especializada de las Naciones Unidas, y actúa como una autoridad internacional a nivel mundial. Con su sede en Ginebra tiene un presupuesto anual de varios billones de dólares y tiene centros regionales presentes en 149 países. En los últimos años la OMS ha buscado colaboración en el sector privado y en fundaciones como la de Bill y Melinda Gate. La contribución de la Industria Farmacéutica cada vez es más importante.

A la hora de asignar las ayudas a los países empobrecidos, tanto la OMS como UNICEF tienen delegaciones y oficinas en los Ministerio de Salud, y así dictar, influir y/o condicionar las políticas de salud públicas. No es difícil adivinar que el conflicto de intereses entre las prioridades de quienes financian a la OMS y las prioridades de la población empobrecida, está servido.

“Cuando obtuve mi primera máquina de CT scanner en Camboya hace 10 años, el Financial Times se hizo eco de una protesta de la OMS y UNICEF. Dijeron que era estúpido gastar tanto dinero en esta máquina.”

“La princesa Anne vino aquí hace unos años como presidenta de Save the Children UK. Le mostré nuestro laboratorio y a continuación dijo que no debíamos tener máquinas de alta tecnología en un país tan pobre. Según ella, deberíamos enfocarnos en trabajar desde la base y los camboyanos deberían aprender a lavarse las manos primero. Luego, cuando le mostré nuestra nueva sala de maternidad, su comentario fue que era mejor ofrecer control de la natalidad que la atención de maternidad, pero esto es estúpido. Aquí hubo un genocidio, así que no tenemos problemas de superpoblación «.

El precio de la sostenibilidad.

La política y la estrategia de la OMS en los países empobrecidos se basa en implementar un Sistema Básico de Salud Primaria, que priorice la vacunación y la prevención, y cuya gestión y mantenimiento dependa de los gobiernos a través de la red de centros de salud pública e infraestructuras existentes. El objetivo es promover un sistema integrado que a la larga pueda funcionar sin necesidad de ayuda económica del exterior. Desde este planteamiento, en pro de la sostenibilidad, se espera que los usuarios paguen por los tratamientos que reciben, y así hacerlos corresponsables de su propia salud; en esencia, una perversidad.

En sociedades donde la renta per cápita diaria muchas veces no supera el dólar, la realidad sanitaria es dramática. El precio prohibitivo de la mayoría de los tratamientos, junto por un diagnostico deficiente o erróneo, provoca que la mayoría de los niños no puedan ser ni atendidos ni tratados convenientemente. Las enfermedades graves suponen una catástrofe para las economías familiares, obligadas a vender lo que tienen y/o endeudarse, comprometiendo así el bienestar y la supervivencia de muchos otros.

«Si financias y promueves un Sistema de Salud que es sostenible económicamente, pero que ni es eficiente, ni está dotado de los medicamentos y equipos necesarios para curar a la gente, al cabo de 10 o 15 años, sin lugar a dudas tendrás un sistema sostenible, pero nada habrá cambiado en términos de mejora de la atención sanitaria; los niños seguirá enfermando y muriendo igual que hace 10 o 15 años”.

Beat Ritchner insiste en que, para poder ofrecer una sanidad real y eficiente, que de verdad reduzca las muertes prematuras en la infancia, hay que dotarse del mismo estándar que en el resto de países desarrollados, de lo contrario se limitan las posibilidades de un buen diagnóstico, y un tratamiento adecuado.

“Hay expertos viajando alrededor del mundo, durmiendo en hoteles de 400 dólares la noche; como el que tenemos a 100 metros de este hospital: coordinadores, programadores, administradores…ninguno de ellos trabaja directamente con enfermos, y no lo los critico por ello. Sin embargo, esos mismos expertos llegan al día siguiente y nos dicen que lo que estamos haciendo aquí es muy caro y demasiado sofisticado para un país pobre como éste. Ese es el espejo de la realidad en la que vivimos y trabajamos día tras día. Si quieres continuar trabajando de forma más o menos creativa priorizando la salud de las víctimas, tienes que estar preparado para perdonar este sistema del que somos parte; perdonar para no abandonar o volverte loco”

David demanda a Goliat

En diciembre de 1999, el Dr. Beat Ritchner interpuso una controvertida demanda contra la OMS y UNICEF por crímenes contra la humanidad y violación de la convención de los derechos del niño.

La demanda dice lo siguiente:

“La política y la estrategia de la OMS y muchas de sus organizaciones subordinadas relacionadas con la medicina en los países pobres, en nuestro caso Camboya, provocan miles de muertes, miles de inválidos y miles de víctimas con daño cerebral. Esta política, que caracterizamos como medicina pobre para las personas pobres en los países pobres, no solo es ineficaz, sino que en realidad pone en peligro, daña y destruye miles de vidas. Esta política equivale a un genocidio pasivo. Estas organizaciones y sus defensores deben asumir su responsabilidad y cambiar sus políticas y estrategias.

De poco sirve quejarse de la tragedia actual y la de los últimos 20 años como consecuencia de la política equivocada de la OMS. Desafiamos a la comunidad internacional a tener el coraje de reconocer la crueldad y el horror de la situación y actuar adecuadamente.

Dr. Beat Richner, 15 de septiembre de 1998”

El 9 de septiembre de 2018, Beat Richner falleció después de una enfermedad grave. Deja un legado extraordinario. Durante 25 años, sus hospitales han tratado a 15.4 millones de pacientes ambulatorios y 2 millones de niños gravemente enfermos que han requerido ser hospitalizados.

PD. El día que publicamos esta entrada recibimos la triste noticia del fallecimiento del doctor Peter Studer, director general de los hospitales Kantha Bopha y estrecho colaborador del Dr. Beat Ritchner desde el principio de su labor en Camboya. Descanse en paz.

“El violoncelo es mi terapia, ya que aquí sobran las razones para deprimirse. La cotidiana frustración con la corrupción, o tantos niños enfermos lo que en sí mismo es un problema enorme, luego está la constante preocupación de recaudar dinero, o las diferencias culturales, pero el violoncelo no me falla”.